Adiós Ela O’ Farrill, casi no te conocí

La destacada compositora santaclareña Ela O´Farrill falleció este 24 de octubre en la capital cubana. El periodista Alexis Castañeda Pérez de Alejo rememora pasajes de la vida de esta gran artista cubana.

Por Alexis Castañeda Pérez de Alejo

Acabo de recibir en esta tarde del 24 de octubre (del año 2014), un conmovedor correo de Marta Valdés —Premio Nacional de la Música, 2007— donde me dice que recién le llegó la tristísima noticia de que esta mañana falleció una de sus mejores amigas, la gran compositora cubana, santaclareña por demás, Ela O’ Farrill.

Moraima Secada, Ela O'Farrill y Meme Solís,

Moraima Secada, Ela O’Farrill y Meme Solís,

Pienso de pronto que tal vez la última entrevista que concediera fue la que le hicimos el trovador y realizador de audiovisuales Raúl Marchena y este escribidor, hace apenas dos año, en su también última visita a su siempre amada Cuba, testimonio que ahora mismo comienza a adquirir un inestimable valor patrimonial.

En la transcripción de dicha entrevista grabada, además en video, apuntábamos entonces: «La compositora Ela O’ Farrill, nacida en Santa Clara en 1930, es, sin duda, una de esas figuras imprescindibles en cualquier arqueo cualitativo de la música popular cubana. Pertenece a una generación santaclareña espléndidamente tocada por la gracia de la música, donde coinciden nombres como los de Teresita Fernández (1930), Moraima Secada (1930), Doris de la Torre (1932), Gustavo Rodríguez (1934), Pedro Coto (1938) y Meme Solís (1939). “Caída en baja” en los años sesenta y borrada de todas las listas —menos de las negras—, varias generaciones perdieron el magisterio de su obra y lamentablemente saltaron sobre el vacío artificial que manos ignorantes o mal intencionadas dejaron en el lugar que le correspondía en la historia de la canción cubana»1

Creció en una familia amante de la música, su padre era farmacéutico pero ejecutaba el violín y las tías tocaban piano, eran frecuentes las tertulias con amigos que venían a cantar a la casa, vivió ese ambiente desde pequeña. Pese a que tenía oído musical se dedicó a estudiar lo común de cualquier niña y luego entró en la Escuela Normal para Maestros. Ahí comenzó a componer, aunque ya a los 13 había escrito su primera canción.

En esta etapa de la Normal, sus compañeras de escuela eran quienes interpretaban sus temas. Luego llegó la guitarra, instrumento en el que tuvo como primer profesor a Mario Roano, músico de su ciudad natal.

Por uno de esos azares concurrentes que marcan el trascurso de la cultura cubana, un día conoció a la excelente pianista santiaguera Numidia Vaillant —hoy radicada en París— y su vida tomaría el rumbo definitivo de su vocación. A través de Numidia conocería a César Portillo de la luz, en su primer encuentro le pidió al compositor que le enseñara a tocar como él lo hacía, este accedió; sobre aquellos días nos confesó en la citada entrevista: «Me compré una libretica, y César me puso allí todos los acordes, todas las pisadas de las canciones que me iba enseñando. Me fui para Santa Clara y me puse a estudiar sola aquellas armonías. Pasaron dos o tres meses, no recuerdo bien, volví a La Habana y llamé a César, cuando él me escuchó se sorprendió, porque ya yo estaba tocando, no con mucha soltura pero estaba poniendo los acordes, me fajaba con las armonías, se me clavaban las cuerdas».

Ya en La Habana comienza a ser conocida, y una noche en que falla Frank Domínguez al show del hotel St. Jhon’s, la llaman para que supliera, gustó tanto que ahí mismo quedó contratada, comenzando de esta manera su protagonismo activo en las noches habaneras durante el decenio de los 60.

Sobre sus composiciones y la rápida promoción apuntó Marta Valdés: «Eran canciones perfectas y no tardaron en aparecer grabadas en las voces de quienes —todavía al inicio de sus luminosas trayectorias— andaban en busca de un repertorio firme y novedoso que lo auxiliara en el empeño de perfilar sus estilos. Boleros como No tienes por qué criticar, Son cosas que pasan, Cuando pasas tú, Nada son mis brazos y Adiós felicidad, de esta primera etapa, figuraron en el repertorio más sonado de los años sesenta, en voces como Elena Burke, Pacho Alonso, Fernando Álvarez, Oscar Martín y Bola de Nieve». No menos conocida fue su composición Freddy (Soy una mujer que canta), dedicada a la singular cantante cubana de trayectoria efímera, conocida en el mundo artístico como La Freddy.

Pero fue también cuando Adiós felicidad, canción dedicada al tema del desamor, fue definida insólitamente como no «conveniente» en una sociedad socialista, por algunos extremistas enclavados en los corredores opinantes de la cultura de nuestro país en aquellos días. Ela se empeñaría en aclarar tan ominoso equívoco, y aunque luego pareció quedar todo esclarecido, el estigma permaneció y el nombre de Ela O’ Farrill se perdió de las carteleras. «Me acusaron de un montón de infundios», dijo la compositora en entrevista al periodista Joaquín Borges Triana, para El Caimán Barbudo (noviembre-diciembre, 2011, pp. 14-15). Como merecida compensación Adiós felicidad ha sido incluida por Omara Portuondo, en una original versión, en su disco Gracias, merecedor, en el año 2009, del importante Premio Gammy Latino.

Radicada en México desde 1969, siguió enviando desde allí sus mensajes de amor a la Isla y de inquebrantable fidelidad a la música cubana. En los últimos tiempos sus visitas a Cuba se convirtieron en motivo de culto para muchos que recién acaban de descubrirla. En la entrevista al Borges Triana confesó con evidente emoción: «Para mí lo fabuloso fuera que me cantaran aquí en Cuba, que es mi tierra, mi país. Ese es mi sueño de ahora y de siempre: que en mi Patria sigan interpretando mis canciones y que no me olviden».

Ahora nos golpea esta inexorable noticia, y solo nos queda el consuelo de esforzarnos por sacar su legado de ese zurrón de silencio en que ha permanecido injustamente durante tantos años. A los santaclareños nos corresponde pues inscribir en los muros selectos de la memoria a «esta gran compositora llegada al mundo allá en el centro de la isla, exactamente en Santa Clara, ciudad que ha visto nacer a muchas de las más refinadas sensibilidades musicales que registra nuestra historia», como apuntó, una vez más, y siempre certera, Marta Valdés. 2

NOTAS:

1- Ela O´Farrill y Doris de la Torre: una introspección detrás del olvido. Disponible en : www.cmhw.cu
2- Marta Valdés, Palabras, Ediciones Unión, La Habana, 2013, p.69.

Tomado de: http://www.vanguardia.cu/

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