Enrique Tappan “Tabaquito”

Por Xavier Rosado

Tabaquito, fue un personaje relevante del espectáculo nocturno del México de los cuarentas y del Acapulco de los cincuentas, a donde llegó en 1947.

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Enrique Tappan Tabaquito. Foto Internet

Enrique Tappan hizo su debut histriónico hace 67 años en La Habana, Cuba, pero su inquietud artística lo trajo a México para trabajar en la música y en el cine, además de haber sido esposo de Yolanda Montes, Tongolele, de haber pisado escenarios desde Chicago hasta Argentina y haber grabado 20 películas al lado de Tin Tán –entre ellas Simbad el mareado– Toña la negra, Pedro Vargas y Agustín Lara, Pedro Infante, el cineasta Juan Orol y María Antonieta Pons.

El músico residía en Acapulco desde 1947, lapso en el que trabajó en casi todos los centros nocturnos y auditorios del puerto interpretando con sus percusiones la música afroantillana que le fue transmitida en Cuba, el país donde creció.

De México hacia Cuba

Entrevistado en su hogar por este diario (El Sur de Acapulco) hace algunos meses, el músico y bailarín accedió a hablar acerca de su trayectoria artística.

“Yo crecí en Cuba, pero nací en México en el año de 1920. Me da hasta pena confesarlo, pero mi mamá se tuvo que ir de Yucatán porque mi padre, un doctor yucateco, resultó que era casado y nos mandó a mí y a mi madre que era de Bilbao, España, a vivir a La Habana cuando yo tenía un año de edad”. Sin embargo me registraron en la ciudad de Yucatán, por lo que conservé mi nacionalidad mexicana, aunque llegué a cumplir la mayoría de edad en el que considero mi país natal: Cuba, porque aquí es donde yo vi la luz de mis primeros pasos por la música”, recordó Tabaquito.

“Mi madre, Adela del Rey Merodio, agarró su tambache, a su mamá y a mi tía Enriqueta Alcocer Merodio y nos fuimos en un barco, La Josefina, a La Habana para salvar el honor de mi padre que era un figurón en Mérida, mi abuelo paterno era un doctor, William Tappan, que había llegado a México como inmigrante irlandés. Es por esto que yo agarré el gusto por la bebida, creo que venía en mis genes”, comenta entre risas el percusionista retirado.

La casa en donde vivía, ubicada en la populosa colonia de La Cima revela la humilde situación económica en la que el artista vivió sus últimos años. Sus fríos y planos muros color cemento, contrastan con la vida que fluye en la calle con el ruido interminable de los camiones urbanos que circulan a toda prisa.

En ese entonces Tabaquito gozaba de un cálido ambiente familiar pues vivía con su hija, madre de tres hijos y la mamá de su fallecida esposa, quien se quedó a vivir con ellos desde entonces, por falta de otro hogar.

Sin embargo, su vida dedicada a la música le dio algo a cambio, según las declaraciones del secretario de Prensa y Propaganda del Sindicato Unico de los Trabajadores de la Música del Estado de Guerrero, (SUTMEG), Francisco Alba Martínez, quien informó que Tabaquito contaba con una pensión que se le otorgó, por estar registrado desde hace 30 años como un miembro activo del gremio y como un digno exponente de la música en Acapulco.

Agregó que era uno de los pocos artistas que contaban con este beneficio por parte del SUTMEG, de acuerdo a su trascendencia como músico y artista.

“A mí me ha ido muy mal en la cuestión del dinero porque fui muy bebedor, ahora ya estoy curado y aparte porque el doctor ya me lo prohibió, aunque yo me siento mejor que nunca a mis ochenta y tantos años”, recordó durante la entrevista el fallecido músico.

Músico de la calle en La Habana a los 15 años

Al continuar con su recuerdos de su llegada a Cuba, señaló: “cuando llegamos a La Habana mi familia y yo pasamos muchas penurias porque mi mamá no tenía profesión alguna pero entre todos ahí la íbamos pasando. A mí me encantaba estar cerca del malecón donde se ponían los músicos a tocar para que les dieran monedas, o los contrataran para llevárselos a alguna fiesta. Cuando salía de estudiar, ahí me la pasaba con ellos y me empecé a interesar por la música que es algo tan natural en Cuba”.

“Por eso empecé a porfiarle a mi madre para que me pagara unas clases de música, así que entre ella y mi tía, me daban dos pesos cada tarde para pagar clases de solfeo. De ahí me pasé a la guitarra y me especialicé en las percusiones, tumbas y bongoes, puro golpe de mano chico, hasta que me uní a un grupo de la calle cuando tenía 15 años.

Recordó que a los 17, en el año de 1938, ya estaba trabajando en un ensamble en un cabaret que se llamaba el Night Life ahí bailaba tap, tipo Fred Astaire, en la que bailaba con una joven, Olga Valladares, la rutina que se titulaba El baile de la chancleta. Ahí lo vio una señora de nombre Camelia que estaba formando una compañía de teatro y lo incluyó en su compañía haciendo el mismo número de baile.

“Con ella recorrimos Colombia, Panamá, Venezuela, Paraguay y Brasil. Regresamos a La Habana y fue cuando me dieron ganas de regresarme para mi país natal, México, sobre todo porque quería conocer a mi padre y de paso aprovechar para buscar trabajo en México, que era donde se hacían los grandes artistas.

Me enamoré de Tongolele y nunca la pude dejar

“Fue entonces que mi mamá me dijo que iba a pedir de sus parientes en Mérida, mi acta de nacimiento, para tramitar mi pasaporte. En ese lapso, tomó posesión en México, el general Lázaro Cárdenas y como uno de sus primeros actos como presidente, mandó una delegación a La Habana para entablar relaciones con Fulgencio Batista, el que empezó la revolución”, recordó Tabaquito.

“La delegación llegó en un barco cañonero llamado El Querétaro, comandado por el entonces secretario de la Defensa que iba a Cuba para estar presente en la toma de posesión de Batista. Uno de los oficiales del barco autorizó para que yo me regresara con ellos. Así fue como llegué a Mérida, ahí me bajé porque el barco iba a seguir su ruta hasta Veracruz, pensando en buscar a mi padre. Yo llegué a la casa de un doctor amigo de la familia, ahí me recibió y me dijo que podía buscar trabajo en el teatro Colonial, donde estaban montando una obra.

Recordó que en ese entonces él llevaba sus tambores, bailaba tap y tenía unos arreglos de René Tousset, un músico cubano que compuso la obra musical La noche de anoche, “así se lo expliqué a Fernando Mendibolio, un gordo que era el director de la obra. Me aceptó y me dijo que escogiera entre las chicas del coro a una para que fuera mi pareja de baile, porque en ese tiempo se usaban las coristas. Me llenó el ojo una chiquilla preciosa, la más simpática de todas y la que mejor bailaba, tenía 17 años y estaba empezando, su nombre Lupe Palláz, después fue la mujer de Jorge Ortiz de Pinedo y después dio a luz al comediante de ahora”.

Sin embargo, según recordó, las cosas no terminaron del todo bien: “de ahí nos fuimos pa’ Chetumal, ahí la compañía tuvo un tropiezo y se acabó eso, yo me quedé pensando y ahora ¿qué hago? Decidí subirme a un barco camaronero que iba para Veracruz, pero no me gustó el ambiente, mucha bulla, mucho tráfico, pero de arte nada, por lo que unos días después agarré el tren para la capital. Ahí sí que me sentí perdido, estaba en una ciudad enorme, con gente por todos lados y yo sin saber qué hacer. Agarré un taxi y le dije que me llevara a donde se reunieran los cubanos, me llevó a San Juan de Letrán y República de El Salvador, en el mero centro de la ciudad, me bajé con mi maleta y mis tambores y le pregunté a un hombre con un sombrero Stetson, bien vestido, por un hotel barato y ya me dio las señas para una casa de huéspedes Casa Chole, que por un peso diario te daban comida, ropa limpia y el cuarto, esos precios eran para Ripley, eran otros tiempos, chico, el dólar estaba al dos por uno”.

Rememoró que “Era navidad de 1940 y empecé a hacer amistades con mucha gente, sobre todo cubanos peloteros y músicos. Ibamos a comer con un español, Casa Batalla, donde la comida completa costaba 14 centavos. Ahí conocí a Pablito Peregrino, el sobrino de Toña la negra y después de que me oyó, me invitó a tocar con su grupo el Son Veracruz.

“Estando con ellos conocí a Toña La Negra y así empecé una relación de trabajo con ella, porque me invitaba a veces a acompañarla con los ritmos cuando tenía alguna presentación. Así conocí a María Antonieta Pons que estaba grabando con Juan Orol la película La reina del mambo.

“En una de esas tantas tocadas con La Negra, en el año de 1946 nos fuimos a Los Angeles y en el camino, pasamos a dar un espectáculo en Tijuana en un cabaret de un señor llamado Teófilo Cuevas, ahí debutó Tongolele, bailaba hawaiano a los 16 años, yo tenía 26 y me enamoré de ella, ya nunca la pude dejar”.

El debut de Tabaquito en el cine nacional fue en 1944 al lado de la guapa y popular María Antonieta Pons, en la película Misterios del hampa; más adelante haría también La reina del mambo.

Después de participar en estos filmes, Tabaquito adquirió mayor popularidad en el ámbito artístico del país, lo que le sirvió para que la famosa intérprete de Agustín Lara, Toña La Negra lo llamara para hacer una gira por todo el país y por centro y sudamérica, como percusionista.

El secretario general del Sindicato Unico de Trabajadores de la Música del Estado de Guerrero, Alfredo Díaz Solano detalló que el grupo estuvo integrado por el pianista Juan Bruno Terrazas, el trompetista El chino Ibarra y en las maracas Serafín Peregrina.

Juntos viajaron en 1946 a Los Angeles, California, pasando por diferentes localidades, entre ellas Tijuana, donde Tabaquito volvió a encontrarse con la que después sería su esposa, la bailarina exótica, Yolanda Montes Tongolele en el club Tropic.

“Antes de ese capítulo ya se habían conocido aquí en una presentación en la plaza de toros que estaba por el rumbo de Dominguillo”, dijo Díaz Solano.

Su mejor época como músico y bailarín

Un año más tarde, Tabaquito se integró al grupo musical de esta famosa vedette y bailarina, haciendo su debut en el centro nocturno Los Eloines, cerca del convento de Las Vizcaínas, en la Ciudad de México.

También continuó su trabajo en el cine, como parte del elenco fijo del comediante Germán Valdés Tin Tán, apareciendo en películas como la ya mencionada Simbad El mareado y También de dolor se canta estelarizada por el ídolo mexicano Pedro Infante; El revoltoso, El ceniciento, Las locuras de Tin Tán y otras más que sumaron en total 20 películas.

Mencionó que ese comediante le tenía gran afecto a Tabaquito, quien lo contagiaba con su buen humor y con quien siempre se la pasaba bromeando y riendo a carcajadas.

Añadió que fue el mismo Tin Tán el que lo bautizó con el apodo de Tabaquito, porque en la época fumaba mucho y como se la pasaba echando humo, le dijo Germán: “eres un tabaco ambulante” y así le dijeron durante algún tiempo Tabaco pero como era bajo de estatura, se le quedó el apodo de Tabaquito.

“Continuaron sus actuaciones en el cabaret Macao y de ahí pasaron al teatro Tívoli. En ese teatro fue cuando realmente comenzó la carrera ascendente y la popularidad, tanto para Tongolele como para Tabaquito ya que un prestigiado empresario, el señor Vallejo, los contrató para actuar en el teatro Follies, en 1948”.

Ahí alternaron con los mejores artistas de la época, entre ellos, Germán Valdés Tin Tán, el cómico Palillo, Toña La Negra, los Tex Mex y la orquesta del maestro Chucho Rodríguez.

Dijo que en 1951, viajó a la ciudad de Nueva York acompañado de la escultural María Antonieta Pons para actuar en el club nocturno Latin Quarter, al mismo tiempo que el legendario percusionista Tito Puente, debutaba en el Palladium de esa ciudad.

“Una noche en la que María Antonieta y Tabaquito se presentaban en un teatro latino en Broadway, se presentó el mismo Tito Puente y al verlos actuar con tanto ritmo y talento, subió al escenario y se aventó un palomazo con ellos”.

Su llegada y establecimiento en Acapulco

Díaz Solano contó también que en pleno apogeo y en la cumbre de la fama, sucedió que tuvo que separarse de Tongolele para formar pareja artística con Silvestre Méndez, y fue entonces cuando los llamó el empresario acapulqueño, Beto Barney para que vinieran a inaugurar y trabajar en uno de los centros más famosos del puerto el Bum Bum, donde actuaba la orquesta de Nacho Nogueda.

Ahí decidió seguir trabajando, combinando sus presentaciones en el Tívoli de la ciudad de México, hasta que decidió permanecer en el puerto.

Alfredo Díaz comentó que para Tabaquito, el acontecimiento más importante de su vida fue sin duda haber conocido en Acapulco a quien fuera el amor de su vida, Rosalba Vázquez Calderón, con quien contrajo nupcias.

“Tabaquito decía que Rosalba era ‘un regalo de Dios’, una hermosa y buena mujer que supo alentarlo, compartiendo con él los buenos y malos tiempos, formando una bella familia con cuatro hijos, dos hijos y dos hijas”.

Mencionó que el más joven, Jesús Vicente, heredó de su padre un gran talento y sentimiento para tocar los tambores y se encuentra en Los Angeles alternando con los músicos más sobresalientes de salsa y jazz latino.

Díaz Solano anunció que el hijo de Tabaquito, está haciendo pruebas para formar parte del elenco de la banda que acompaña al cantante Luis Miguel.

En 1961, conoció y entró a trabajar con el magnífico pianista Luis Lozano y con Manuel Ríos Solomillo en el bajo entre otros, también tocó con el grupo del prestigiado pianista Macario Luviano, en el bar Playa Suave y continuó su carrera de trabajo y éxitos en el Ninas, luego pasó a Las Brisas, el hotel Hyatt Regency, en 1979.

Luego formó un grupo para tocar en el hotel Continental y en el Paraíso Radisson con el maestro Pepe Salinas.

El secretario del SUTMEG, mencionó que Tabaquito fue un hombre que tuvo el mejor sentido del humor del mundo, siempre irradió una alegría natural y traía una sonrisa a flor de boca, “con el cuento, chiste o anécdota a la mano para cualquier ocasión.

“Simplemente no podía uno estar triste al lado de este personaje, quien además fue un excelente padre de familia, un amigo sincero y un excelente músico y bailarín”.

Díaz Solano, quien actualmente toca con su grupo tropical en el club de playa del Fairmont Acapulco Princess, recordó que el 23 de febrero, se le hizo un homenaje a Enrique Tappan del Rey, Tabaquito en el Zócalo del puerto, organizado por el SUTMEG, con la actuación de diversos grupos musicales de la localidad que le reconocieron su labor de toda la vida.

En los últimos meses de vida, Tabaquito tocaba por el simple placer de hacerlo en la pozolería La Hacienda de los Cuates y en el restaurante Villa Rossaura.

Fuente: Sur Acapulco

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Una respuesta a “Enrique Tappan “Tabaquito””

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