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Olga Guillot, la extraña ausente

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Por Sigfredo Ariel

1.

Sus discos dejaron de tocarse públicamente en Cuba a inicios de 1961, el mismo día en que se marchó para no regresar mientras la Revolución estuviese en el poder. Pero la gente aquí siguió escuchándola.

En los años sesenta popularizó por toda América Latina boleros de Manzanero que tenían resuello de balada. Muchos de sus paisanos, músicos, cantantes y “público en general” se aprendieron Adoro, Parece que fue ayer, No, Todavía y otros, a través de sus versiones, que nunca, hasta la fecha, ha transmitido la radio cubana. También Qué sabes tú, de Myrta Silva y muchas “cosas” por entonces nuevas de Luis Demetrio, Lolita de la Colina, Paco Chanona, Chico Novarro y Roberto Cantoral, autor de Soy lo prohibido, que al parecer a ella le gustaba mucho.

Algunas de las letras que cantaba por esa época le crearon un nimbo de castigadora madura, desafiante, que venía de regreso de todo. La llamaron “pionera de la canción erótica” en días en que aún en este mundo quedaban espíritus impresionables. Susan Sontag la identificó como exponente del camp y en alguna parte Elena Poniatowska habla de sus “aspavientos”.

Nadie sabía muy bien quién traía a Cuba sus discos en los años sesenta y setenta (se hablaba de unos brumosos marineros mercantes), pero lo cierto es que aquellos long playings llegaban y pasaban de casa en casa, de mano en mano, o de oído en oído. No era algo nuevo, pues casi desde el mismo momento en que comenzó a grabar, la gente se aprendía las canciones por sus discos, y lo sigue haciendo.

Posiblemente sea la cantante cubana con discografía, y sin lugar a dudas, una intérprete que influyó de en el estilo de muchas otras que aparecieron después. Tuvo también imitadoras patéticas.

2.

Su gran época arrancó a mitad de la década de 1940. Formó parte del ahora casi inconcebible elenco que poseía la emisora Mil Diez del Partido Socialista Popular, que contaba con arreglistas y directores como Félix Guerrero, Adolfo Guzmán y Enrique González Mantici.

En 1947, grabó en Nueva York, por mediación de Miguelito Valdés, La gloria eres tú, de José Antonio Méndez, con una orquesta dirigida por René Hernández que tenía a Chano Pozo en la tumbadora.

Antes, en La Habana, había grabado con la orquesta The Swingmakers, entre otros números, At last, Stormy Weather, Night and Day y Stardust, standards más o menos “bolereados”, con letras en español.

En 1948 comenzó a presentarse ante el público mexicano con el cual estableció un trato cercano a la adoración que duró más de cinco décadas. Ese año grabó discos con la orquesta del famoso compositor Gonzalo Curiel, quien le entregó varios boleros para que los estrenara, y apareció por primera vez en una película –La Venus de fuego–, filme en el cual Meche Barba encarna a la fogosa protagonista. En su carrera participó en una docena de producciones cinematográficas.

Los primeros años de la siguiente década la encuentran actuando por toda América Latina. Cuenta Cristóbal Díaz-Ayala que en 1951, durante una gira por Chile, fue ella quien convenció a Lucho Gatica a que comenzara a cantar boleros.

En La Habana, teatro, cabaret, radio y televisión afianzaron su popularidad. En 1954 la firma discográfica Puchito publicó su larga duración con el título “La mejor voz cancionera de Cuba”. En esta placa de diez pulgadas con la orquesta Hermanos Castro se encuentran hits que habían “pegado fuerte” en las victrolas, como Palabras calladas, de Juan Bruno Tarraza y Vivir de los recuerdos, de Bobby Collazo. El disco comienza con un bolero del mexicano Chamaco Domínguez que Olga Guillot no dejará de cantar jamás:Miénteme.

3.

A mediados de los años cincuenta muchos compositores la consideraban “un cheque al portador”, porque casi todo cuanto interpretaba lo convertía en éxito. Atrás quedaban los números movidos que cantaba antes: se había convertido en una vocalista concentrada en lo sentimental, con un estilo dramático que apoyaba su timbre, más bien oscuro –alguien lo llamó “raspado”, sin ánimo de agravio–, un amplio registro y un histriónico desempeño escénico.

Vestía lujosos trajes de noche y se adornaba con joyas auténticas. Iniciaba sus actuaciones con un bolero de Orlando de la Rosa que posee letra de despedida: “Me voy con mi canción para olvidarte / me voy, porque yo sé que es lo mejor”. También de este compositor grabó No vale la pena y Qué emoción.

Olga Guillot

Olga Guillot, junto a Felo Bergaza y Juan Bruno Tarraza

Se convirtió en la gran intérprete de René Touzet (Estuve pensandoAnoche aprendí, La noche de anoche, Me contaron de ti); Juan Bruno Tarraza (La novia de todos, Por eso estoy así, Tú me niegas, Qué poco me conoces); Felo Bergaza (Miedo, Si tú me lo dijeras, Infeliz); Bobby Collazo (Tan lejos y sin embargo te quiero, Raro hechizo, Me estoy enamorando) y de otros autores que comenzaron a darse a conocer en los primeros años de la década de 1940 y componían desde el piano, como Isolina Carrillo, Adolfo Guzmán, Julio Gutiérrez y Candito Ruíz de quien popularizó Vete.

Fue de las primeras intérpretes cubanas en llevar al disco canciones de autores del movimiento del filin, conocidos algunos de ellos, personalmente, en sus días en Mil Diez. Aseguró en una entrevista que tuvo que enfrentar críticas adversas por cantar “esas armonías que no parecen cubanas”, pero ella perseveró en ello, como lo demuestra su catálogo de grabaciones.

De José Antonio Méndez grabó La gloria eres tú, Por qué dudas, Por nuestra cobardía y Tú mi adoración; de César Portillo de la Luz, Tú mi delirio y Contigo en la distancia; de Frank Domínguez, Refúgiate en mí,Imágenes y Porque tú me acostumbraste; de Rosendo Ruiz Quevedo, No, ya no te puedo amar; de Ela O’Farrill, No tienes por qué criticar, de Piloto y Vera, Inútil es ya, y de Tania Castellanos, En nosotros e Inmensa melodía.

Compositores latinoamericanos, con predilección por los mexicanos, encontraron en ella un vehículo eficaz para dar a conocer sus creaciones: Vicente Garrido (Torpeza, Te me olvidas), Salvador Rangel (Amor y olvido), Miguel Prado (Me dices  que te vas), Manuel Merodio (Te olvidaré), Jorge del Moral (Por qué si estás en mí no estás conmigo), Lolita de la Colina (Tu ausencia), y Roberto Cantoral (Déjame sola, Demasiado tarde).

Durante varios años, a partir de 1945, fue proclamada por los columnistas de espectáculos la mejor cancionera del país y a partir de 1954 recibió sus primeros premios por ventas de discos.

En los últimos años de la década de 1950 grabó en México con la orquesta de José Sabre Marroquín y en Cuba (además de los Hermanos Castro, agrupación con la cual realizó la mayor parte de sus grabaciones en esa época), con René Touzet, la Riverside, reforzada con una sección de cuerdas, y Humberto Suárez, orquesta que la acompañó en su último larga duración en el país: Olga de Cuba (1960), que tiene una foto de portada en la cual aparece reclinada en un balcón del hotel Havana Hilton, convertido en Habana Libre tras el triunfo revolucionario.

Al año siguiente salió fugazmente al mercado Comunicando con Olga Guillot, con números sueltos grabados antes con orquestas distintas. Del mexicano Álvaro Carrillo había impuesto en el gusto del público su versión de Sabor a mí, de Álvaro Carrillo, el número más popular de 1960.

4.

Cuando salió de Cuba en marzo de 1961 rumbo a Caracas, Venezuela, era la figura principal del show Serenata Mulata, del cabaret del hotel Capri. La sustituyó Celeste Mendoza y luego Gina León.

El maestro Sabre Marroquín la invitó meses después a trabajar en México. Allí hizo grabaciones para la firma Musart con orquestas dirigidas por Cuco Valtierra, Juan Bruno Tarraza y Jorge Ortega. Son los días de Poquita fé (Bobby Capó), Escándalo (Rubén Fuentes) y Cualquier pretexto (Vicente Garrido). Progresivamente, su estilo interpretativo se tornó más agresivo y el tempo de los arreglos más vivaz y rítmico.

Publicó un excelente disco con composiciones de María Greever con la orquesta de Sabre Marroquín y popularizó, entre muchos otros, Seguiré mi viaje, de Alvaro Carrillo, y Remate, de Rubén Fuentes. En 1963, la Academia de Artes John F. Kennedy, de Hollywood, le otorgó el premio Golden Palm como la Mejor Bolerista de América Latina.

El 31 de octubre de 1964 realizó su primer concierto en el Carnegie Hall, de Nueva York, escenario al que regresó un par de veces más. Actuó en el Teatro Paramount, de Broadway, y brindó también recitales en el Teatro Olympia de París. Se presentó con éxito durante décadas en varias capitales latinoamericanas, en Madrid, y en Barcelona.

Se sucedieron grabaciones, actuaciones, homenajes a lo largo de todos estos años. Vive entre México y Miami. Aparece en cualquier ciudad que se celebre un acto contra la Revolución: “No volveré mientras ellos estén ahí”. Y canta El son se fue de Cuba, y Nostalgia habanera entre bolero nuevo y bolero antañón. En 1988 celebró su medio siglo de carrera con una gira por varios países, entre ellos, Israel.

Cuando grabó con Los Sabandeños Vete de mí, de Virgilio y Homero Expósito, y Escándalo, de Rubén Fuentes, rehúsa aparecer en el disco al enterarse que Silvio Rodríguez es otro de los invitados: “O él o yo”. La solución fue salomónica: se hicieron dos ediciones diferentes.

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Una firma mexicana publicó en 1996 un cd doble, Las reinas de Cuba: Olga Guillot y Elena Burke, con grabaciones suyas, en vivo, y de la Burke, en estudio. En 2001 apareció Faltaba yo, con canciones de Manzanero, Meme Solís, Frank Domínguez, Mario Clavell, Juan Bruno Tarraza, entre otros. Estremece su Alma adentro, de la boricua Silvia Rexach. La llamaron La Reina del Bolero, La Madre del Bolero… pero basta con mencionar sólo su nombre para nombrar a una de las principales intérpretes de lo sentimental.

Desde hace tiempo en cualquier tienda de discos se pueden encontrar no menos de cinco o seis compilaciones de sus éxitos. Dejó su sello en muchísimos boleros considerados clásicos latinoamericanos, comoCampanitas de cristal , de Rafael Hernández, y en canciones, rancheras, baladas.

En los últimos años se habló de su deseo de regresar a La Habana. Hubiera sido bueno. Omara Portuondo cantó para ella (y con ella) no hace mucho, en República Dominicana. En la foto aparece sonriendo. No sé si hablaron del asunto.

La escuché decir en la radio cuando le pidieron que expresara un solo deseo: “Tomarme una taza de café con leche ante una puesta de sol, allá, en el malecón”.

Tomado de: lajiribilla.cu

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