Cubanos en México

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Conmemoran los 70 años de la incursión de Pérez Prado en el cine mexicano

Por Leopoldo Gaytán 

Este mes de febrero se han conmemorado los 70 años de la primera experiencia del genial músico cubano Dámaso Pérez Prado, padre del “Mambo”, en el cine mexicano, que ayudó de manera importante en el crecimiento de su fama en todo el mundo iberoamericano.

Procedente de La Habana, Pérez Prado llegó a la Ciudad de México en noviembre de 1948. Lo recibió en el aeropuerto su compatriota, el cantante Cecilio Francisco Mendive Pereira, mejor conocido en el medio musical del momento como Kiko Mendive. Al respecto don Julio del Razo cuenta cómo conoció a Pérez Prado. “El día que llegó al país, Kiko lo llevó a su casa y en la noche se lo lleva de visita al Macao Club y ese mismo día yo lo conocí junto con todos los que estábamos en el grupo de Ismael Díaz. Kiko era el cantante de la orquesta e invita a Pérez Prado a echarse un palomazo, Prado acepta y bajo los acordes de “El manisero”, improvisa un sabrosísimo montuno que desconcierta amablemente a la concurrencia”, dijo Rafael Figueroa. 

Para el 7 de febrero de 1949, es decir a tres meses de su llegada y gracias a la intervención de otra cubana, la bailarina Ninón Sevilla, llega a los foros de los Estudios cinematográficos Azteca donde participa en la filmación de la cinta “Coqueta”, del director Fernando A. Rivero. En ella se puede ver el nombre de Pérez Prado compartiendo créditos musicales con el gran músico mexicano Agustín Lara. La película se estrena el 22 de julio de ese año en el cine Orfeón. En la cinta se escuchan varios temas musicales, entre ellos “Maravillosa”, con arreglos del cubano, en el que se aprecian acordes sonoros que poco después será la base rítmica de sus creaciones. Además, de la música de Prado y de Lara, en el film también se puede escuchar en la voz de Bienvenido Granda, el tema “No me eche la culpa a mí” acompañado por la Sonora Matancera.

Al mes siguiente, marzo de 49, su arreglo para el tema “El baile del sillón” se escucha en la cinta “Novia a la medida”, del director Gilberto Martínez Solares, el número es de la inspiración de otro compositor cubano José Carbó Menéndez y viene en la voz y figura de uno de los mejores artistas que ha dado Cuba, Benny Moré, quien con Amalia Aguilar bailan el sabroso tema. Cabe destacar que dentro de los créditos de la cinta no aparecen los nombres de Pérez Prado ni el de Benny. Esta película fue estrenada el 15 de octubre del mismo año, en el cine Mariscala.

Para el 28 de noviembre, otro arreglo de Prado puede escucharse en la cinta “Aventurera”, de Alberto Gout. El título de la cinta obedece a un tema musical de Agustín Lara y lo canta Pedro Vargas. En ella, el arreglo de  Prado es al tema “Arrímate cariñito” cantado y bailado por Ninón. Ahí pueden escucharse los característicos gritos de Pérez Prado al dirigir la orquesta. En la cinta, además de Pedro Vargas y Pérez Prado, se puede escuchar a Ana María González, al Trío Los Panchos, al conjunto brasileiro Los Ángeles del Infierno y a Ray Montoya. La película se exhibe en el cine Orfeón con  gran recepción por parte del público.  

A principios de 1950, el 23 de enero, en los Estudios Churubusco da inicio el rodaje de la película “Pobre corazón” de José Díaz Morales,  título tomado de un bolero de Chucho Monge. En este film se escucha por vez primera en el cine uno de los más conocidos temas de Prado: “Rico Mambo”, bailado por Lilia Prado, aunque en escena se ve otra orquesta y quien la dirige no es Dámaso.  Junto con la música de Prado también puede escucharse música de Agustín Lara, Chucho Monge y otros, en las voces de Rita Montaner, Ana María González, Pedro Vargas y las Hermanas Julián.

Un mes después, el 23 de febrero de 1950, en los estudios de la Cinematográfica Latinoamericana, S.A (CLASA) empieza la filmación de “El amor no es ciego”, de Alfonso Patiño Gómez, en ella nuevamente se escucha “Rico Mambo”, solo que es interpretado por Luis Arcaraz y su orquesta, acompañado en el piano por Juan Bruno Tarraza y en la voz la actriz Nelly  Montiel, con el coro de Silvestre Méndez. El número bailable está a cargo, nada menos que de Yolanda Montez, Tongolele.

Diecisiete días después, el 6 de marzo del mismo año, el director cinematográfico Fernando A. Rivero comienza  en los Estudios Churubusco el rodaje de la cinta “El pecado de ser pobre”, misma que se estrena el siguiente 11 de noviembre. En ella, aparte de los actores, aparecen como bailarinas, las mellizas Dolly (Caridad y Mercedes Vázquez), José Luis Aguirre (Trosky) y Roberto Cobo (Calambres) como miembros de la coreografía del baile, y los cantantes: Ana María González, Ramón Armengod, Pedro Vargas, Bobby Capó, y ahora, además de sus arreglos, por fin aparece en escena Pérez Prado y su Orquesta. Parece que en el ambiente musical del momento Prado ya había grabado varios de sus números, como: “Rico mambo”, “José”, “El ruletero” y otros muy escuchados en la radio y en los acetatos. Así, en la película sólo reafirma su éxito, pero ahora, en la pantalla se le puede ver con su Orquesta. Ese era un motivo más para el público, dado que para muchos de los espectadores, que no podían asistir por diferentes motivos, a los centros sociales, cabarets o salones de baile, donde Prado actuaba y verlo en el cine era la gran oportunidad de conocer a uno de sus ídolos.

La pantalla cinematográfica ofreció a Prado y su mambo lo que no podían brindar los salones de baile ni los centros nocturnos: un auditorio de millones de personas, tanto a nivel nacional como internacional, aunado al hecho de que Prado fue un excelente publirrelacionista, ya que en muchas ocasiones se presentaba con todo y orquesta en los cines donde se proyectaban las cintas en que tenía presencia. Aquí me parece pertinente citar a uno de esos admiradores anónimos:

“No había logrado conocer a Pérez Prado; primero porque no podía entrar a los salones de baile y segundo porque no había lugar que diera cabida a sus seguidores; dos funciones diarias y las tres del domingo, eran insuficientes en cualquier teatro, ya que la demanda superaba la capacidad. Los cines de la Cadena de Oro, grandes salas en las que cabrían muchas de las actuales, se veían por todos los rumbos, y fue precisamente en uno de ellos, el cine Acapulco, donde el mes de octubre de 1950, pude escuchar, conocer y disfrutar en vivo a la Orquesta de Pérez Prado; feliz idea que además de las películas, hubiese, en los cines de la cadena, esas presentaciones personales, ahí estaba Yeyo, y las Hermanas Montoya con la Orquesta, y todo, por el precio de 1,50 o 2 pesos. Esto sucedía por todos los barrios y colonias de la ciudad y así sin contar todavía con la Televisión: A pesar del desgaste por el ir y venir de un cine a otro [Pérez Prado y su Orquesta] actuaban para las masas menos privilegiadas: puedo pensar que así llegó a la cima de popularidad entre nosotros”.      

La orquesta mexicana de Pérez Prado estaba compuesta por 19 miembros, doce de origen mexicano y siete cubanos, esto por cuestiones sindicales, ya que las leyes mexicanas exigían que toda orquesta que se formara en territorio mexicano, por lo menos la mitad de sus miembros deberían ser de origen nacional.

Pero, oh decepción, en la mencionada película solo aparece él, la orquesta antes mencionada no concuerda con lo que se ve en la imagen. No está Ramoncito Castro en el bongó, ni Modesto Durán en tumba, el del bajo no es Pantaleón; en fin, mientras  el sonido nos remite a una gran orquesta que toca “Rico Mambo”, donde se puede escuchar el sonido de los saxos, en la imagen solo aparece solo una trompeta. Además, la imagen muestra un pequeño grupo de músicos, dirigidos por Dámaso, que más parece un conjunto de son que una gran orquesta. Lo interesante es que en una de las secuencias se puede ver cantando a Bobby Capó y al frente del conjunto a Pérez Prado.

Un mes después, el 10 de abril de 1950, Emilio “El Indio” Fernández da inició en los Estudios Churubusco el rodaje de la cinta “Victimas del pecado”. La película se exhibe el 2 de febrero de 1951, en el cine Orfeón. En ella, por fin aparece en escena Pérez Prado con su orquesta. En imagen ya se puede ver al cantante Aurelio Estrada “Yeyo”, así como a Humberto Cane tocando la campana. Humberto es hijo de otra de las glorias matanceras: Valentín Cane, uno de los fundadores de la Sonora Matancera. Además se ve a Modesto Durán en las tumbas y a Ramón Castro en el bongó. En la cinta Prado acompaña con su orquesta a Pedro Vargas, quien canta “Pecadora” y  a Rita Montaner en el número “¡Ay José!”. También se ve a Ninón bailando el tema del panameño Víctor Cavalli “La cocaleca”.

El mambo y su creador cada vez ganaban más terreno musical y fama: el 24 de abril de 1950, la filmadora Chapultepec de Pedro Galindo inicia el rodaje de otra película con el título “Al son del mambo”. En ella, el director Chano Urueta narra visualmente una especie de génesis y desarrollo del contagioso ritmo del mambo. Ahí se puede apreciar que Prado es una especie de cazador de sonidos y con la ayuda de otro músico (Roberto Romaña) logran traducir en música organizada los sonidos de la naturaleza, de esa manera podemos escuchar el tema “José”, bailado por Rita Montaner y Amalia Aguilar; también se aprecia la presencia de Chucho Martínez Gil, Juan Bruno Tarraza, el Chamaco Domínguez, Los Xochimilcas y el mismo productor Pedro Galindo vestido de charro cantando su tema “La malageña”.

A partir de ese momento la mambomania acaparó la escena fílmica y musical de la capital mexicana, y para ir forjando su mito, Prado se manda hacer un traje de piel de foca, se compra un enorme Cadillac blanco, al que le manda quitar la aterciopelada vestidura y la forra con auténtica piel de tigre; además, exige, mediante contrato, que en sus presentaciones coloquen una enorme alfombra roja desde que baja del auto hasta el escenario, con el único fin de no ensuciar sus llamativos zapatos blancos.

De las 123 cintas que se realizaron durante 1950, más de cincuenta hacen alusión al ritmo del mambo, algunas en forma directa y otras indirectamente. En algunas aparece Pérez Prado en otras solo su música, en ocasiones otros músicos incursionaban con números propios a ritmo de mambo. Entre ellas podemos citar: “El ciclón del Caribe” (Ramón Pereda), “Traicionera” (Ernesto Cortazar), “Anacleto se divorcia”  (Joselito Rodríguez), “Aventuras de un nuevo rico” (Rolando Aguilar), “La malcasada” (José Díaz Morales), “Qué idiotas son los hombres” (Juan Orol), “Simbad el Mareado” (Gilberto Martínez Solares), “Amor vendido” (Joaquín Pardavé),  “Si usted no puede yo si” (Julián Soler), “Barrio Bajo” (Fernando Méndez), “En carne viva” (Alberto Gout), “La reina del mambo” (Ramón Pereda), “Puerto de Tentación” (René Cardona), “El suavecito” (Fernando Méndez), “Una gallega baila mambo” (Emilio Gómez Muriel) y otras más. La última película de ese año donde aparece Prado es “Amor Perdido”, basada en el bolero del boricua Pedro Flores que en ese momento tiene gran éxito radiofónico en la voz de María Luisa Landín. Su rodaje inicia el 18 de diciembre bajo la dirección Miguel Morayta y se exhibe a partir del 24 de mayo de 1951 en el cine Mariscala. En el film se puede ver cantando a María Victoria y María Luisa Landín, y bailando “El Mambo Universitario”, “La Chula Linda” y “María Cristina” a Amalia Aguilar junto a Pérez Prado. Cabe destacar que este último mambo Televisa “tuvo la genial idea” de quitarlo de la cinta para de esa manera  tener más tiempo para sus comerciales, por lo tanto la versión que circula de “Amor perdido” carece de esa escena donde Pérez Prado hace una especie de striptease ante la cámara, lo cual podría considerarse como uno de los primeros desnudos masculinos del cine nacional.

Durante el año siguiente, 1951, se filman 101 películas, un poco más del 20 por ciento de ellas incorpora mambos dentro de su discurso fílmico. Por ejemplo el 18 de enero Miguel Zacarías da inició al rodaje de “Necesito dinero”, exhibida un año después el primero de enero de 1952. En ella podemos ver, en el cine Orfeón, a nuestro Pedrito Infante bailando “Silbando mambo”. Para mayo, se filma en los Estudios Tepeyac, la cinta “Dancing (Salón de baile)” donde puede verse físicamente a Pérez Prado que alterna su presentación con la orquesta de Gonzalo Curiel, al respecto, me gustaría citar a uno de los investigadores más serios de nuestra industria fílmica, Emilio García Riera quien opina sobre la cinta:

Este melodrama resulta notable por su valor documental: no solo deja ver a Pérez Prado en la ejecución por su orquesta de varios mambos (Dancing, Látigo, Fufurufo, Mambo Universitario, del Politécnico, N° 8, Lupita, Broadway), sobre todo Látigo, donde el músico cubano simula azotar con un látigo a la bailarina Meche Barba y ella se estremece, sino el modo en que [el mambo] era muy bien bailado por la población de los salones populares […]. Todo eso tiene una frescura y una autenticidad que no chocan con el resto de la película. 

Durante el resto del año, Pérez Prado sólo vuelve a aparecer en escena en la cinta “Del can-can al mambo”, donde comparte créditos musicales con Rosita Fornés, Los Tres Diamantes, Pedro Vargas y Tony Camargo, entre otros. Pero, si bien es cierto que físicamente no se puede ver en la mayoría de las cintas que aluden al mambo, sonoramente su música  puede escucharse en otras cintas como: “Acapulco”, (“Mambo N° 5”), “Los Huéspedes de la marquesa” (“Rico mambo”), “La noche es nuestra” (“Rico mambo”), “Pompeyo el conquistador” (“Mambo N° 5”), “Por qué peca la mujer” (“Rico mambo”). Una de sus creaciones sirve de título a la película “La niña Popoff”.

Para 1952, ya en lo cuernos de la luna de la fama, su presentación en cabarets, teatros y giras, le impiden aparecer más tiempo en la escena fílmica, su presentación en la pantalla disminuye considerablemente. De esa manera en muchas de las cintas producidas ese año solo se escuchan sus temas, así en “La Bestia Magnifica” puede apreciarse “Mambo en sax”; en “Las tres alegres comadres” se escucha el “Mambo del ruletero”; en “Una calle entre tú y yo”, está el “Mambo del Politécnico”. En “Las interesadas” se escucha “El ruletero”.

El siguiente año, 1953, es muy similar y solo hay cuatro cintas en las que se ve a la orquesta y se escucha su música: “De ranchero a empresario”, “As negro”, “Sindicato de telemirones” y en pleno rodaje de la cinta “Cantando nace el amor”, mismo que había iniciado su filmación en octubre en los Estudios Churubusco es tomado por las autoridades mexicanas de migración y expulsado de nuestro país el día 6 del mismo mes de 1953. Al respecto el cantante veracruzano Emilio Domínguez recuerda que: “Yo estaba con él precisamente el 6 de octubre de 1953, cuando lo sacaron del país. Ese día me pidió que lo acompañara a la Asociación Nacional de Actores (ANDA). Fuimos y a la salida lo estaban esperando unos agentes que tenían encajonado su carro. Le dieron un pasaje de avión y lo escoltaron, primero para pasar a ver a su hermano Pantaleón y después al aeropuerto. Él no opuso resistencia, no dijo una palabra”.

Durante cinco años Pérez Prado logro, musicalmente hablando, darle al cine mexicano una imagen diferente y gozosa a la que proponía la sobadísima comedia ranchera. Ante un folclor campirano petrificado en sus repeticiones, Prado propone una música fresca y sensual. Frente a la imagen del charro que vivía de desplantes machistas y canciones dolorosas, Dámaso presentó un ritmo dinámico, alegre y lúdico. Además, el mambo  logró dar identidad social a los personajes urbanos emergentes del México de los años cincuenta. Él,  con su frenético ritmo logró romper con el remanente campesino que en esos momento aún se respiraba en el ambiente citadino. Sus mambos ubicaron de manera ejemplar a los nacientes sectores de la sociedad capitalina, los títulos de sus temas dan rostro a esos núcleos de población que buscaban un lugar en el mapa social urbano: Los estudiantes (normalistas, politécnicos y universitarios), los ruleteros, las secretarias, panaderos,  locutores, futbolistas, pachucos, papeleros, limpiabotas y hasta las niñas popoff.

Fuente: noticine.com



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