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Castillo de San Severino

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Castillo de San Severino. Historia y arqueología en el museo de la ruta del esclavo, Matanzas, Cuba.

Por Odlanyer Hernández de Lara (*)

El Castillo de San Severino, actualmente sede del Museo de la Ruta del Esclavo, constituye el inmueble más antiguo de la ciudad de Matanzas, Cuba, único exponente de la fundación aún en pié.

Su historia es innegable, envuelto en pasajes relacionados con la piratería, las Guerras de Independencia y las sublevaciones de esclavos, vigía de la rada y la ciudad.

A finales del decimonónico San Severino se convirtió en cárcel, función que cumpliría hasta la década del ochenta del siglo XX, declarándose Monumento Nacional en 1978. Veinte años después sería seleccionado el inmueble para albergar entre sus muros al futuro Museo de la Ruta del Esclavo, proyecto de la UNESCO desde 1994. Lentamente, la antigua fortaleza, entonces convertida en bosque y en el olvido, se ha transformado en un espacio cultural donde el pueblo es el principal receptor.

La aparición de evidencias materiales de la vida cotidiana de la fortaleza mediante las excavaciones arqueológicas ha llevado a incrementar considerablemente los fondos del museo. De esto se desprende el trabajo de restauración realizado con gran cantidad de fragmentos que ayudaron a reconstruir, a veces totalmente, piezas que se encontraban en exposición y otras de las cuales no se tenía noticia de su existencia.

HISTORIA

En 1682 se aprueba la propuesta de fundación de la ciudad y su correspondiente fortaleza, proyectado por el ingeniero militar Juan de Císcara. Tras su muerte ocho años después, lo reemplaza el ingeniero Juan de Herrera Sotomayor, quien modificaría el proyecto anterior y sería el ejecutor de la obra.

Luego de la fundación de Matanzas, el 13 de octubre de 1693 el obispo Diego Evelino de Compostela y el Capitán General Severino de Manzaneda se dirigen al lugar donde ya se había delineado la traza de la fortaleza y se bendijo la primera piedra, denominándose entonces San Carlos de Manzaneda, deviniendo luego en su nombre actual.

La culminación del castillo se establece para la década del cuarenta del siglo XVIII –1745 aproximadamente– y vendría de la mano de otro ingeniero militar: Antonio Arredondo.

En menos de dos décadas el Castillo de San Severino volvería casi a la ruina tras la toma de La Habana por los ingleses, ocasión en que el entonces comandante de la fortaleza García Solís la hiciera volar en agosto de 1762 antes de un enfrentamiento con las tropas inglesas que encontraron la firme fortaleza abaluartada con importantes daños en toda su infraestructura.

A esta etapa le siguió un largo que período de abandono tras la cual se llevaría a cabo la reconstrucción del inmueble que comienza recién en 1772 y cuatro años más tarde ya se había culminado el grueso de la obra, aunque las labores constructivas continuarían hasta 1789 aproximadamente.

Desde ese mismo siglo San Severino también cumple la función de prisión que se extendería en las próximas dos centurias, alojando entre sus muros desde militares desertores hasta importantes exponentes de las Guerras de Independencia en la provincia, pasando por los negros esclavos y libres vinculados con las ideas abolicionistas.

Hacia la década de 1980 la antigua fortaleza, que había sido declarada Monumento Nacional dos años antes, culmina otro largo período de su historia, pasando una vez más al abandono que acabaría en 1998 cuando se presentaría una nueva etapa, esta vez con el objetivo de mantener viva la memoria de más de tres siglos de historia y la importancia del proceso esclavista en la conformación de la identidad cubana como Museo de la Ruta del Esclavo.

ARQUEOLOGÍA

Los estudios arqueológicos en el Castillo de San Severino comienzan con las excavaciones dirigidas por Samuel Gerardo Paz y Julio A. Mendoza, una vez obtenido el correspondiente permiso de la Comisión Nacional de Patrimonio en noviembre de 1993, aunque desde 1982 se realizaran algunos trabajos puntuales. Los trabajos realizados estuvieron encaminados a discernir algunos recintos del castillo como la capilla y las letrinas fundamentalmente, lo que dio como resultado la definición constructiva de algunas estructuras y un monto de evidencias materiales de la vida cotidiana de la guarnición fechados para el siglo XIX.

Luego, en 1998, se continúan los trabajos antes dichos dirigidos por Samuel Gerardo Paz, con la participación de los miembros del entonces grupo espeleológico Manuel Santos Parga, excavándose nuevamente la antigua letrina de la fortaleza, donde se localizaron fragmentos de contenedores de gres, un proyectil de culebrina, botones de hueso, un candado, una cuchara de bronce y abundantes restos de dieta, entre otras piezas.

Posteriormente, en el año 2003, se retoma los trabajos de prospección, continuándose en la profundización de las letrinas hasta alcanzar el estéril. Estas excavaciones produjeron un extraordinario cúmulo de evidencias que conforman hoy la sala de arqueología del Castillo de San Severino junto a las piezas de las excavaciones anteriores.

En 2005, se llevan a cabo otros trabajos a la par de las excavaciones antes mencionadas, esta vez coordinadas por los autores, con la colaboración de Silvia Hernández Godoy y los trabajadores de la institución.

Entre los principales resultados que se alcanzaron estuvo el hallazgo del pavimento original de la Plataforma de San Juan, desconocido hasta el momento, y las colisas de las piezas de artillería del Sistema Elorza insertadas en la fortaleza a finales del XIX. La evolución del armamento llevó a que en 1887 se colocara un obús del Sistema Elorza en la plataforma, para lo cual fue imprescindible la construcción de la respectiva base semicircular sobre la que giraba el cañón, denominada Colisa.

Los trabajos de limpieza realizados entre 2005 y 2006 sacaron a la luz la colisa, referenciada en los planos del XIX, pero además se develó el pavimento original del baluarte, que fuera construido con sillares y desconocido hasta el momento, y otra colisa correspondiente a una segunda pieza de artillería no documentada históricamente.

Uno de las labores más significativas fue la implementación de la Arqueología de la Arquitectura en la fortaleza mediante un Taller organizado con especialistas del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de Ciudad de La Habana, en el que se localizaron varias modificaciones constructivas y se identificaron algunas de las zonas dañadas por la voladura de la fortalezas en el siglo XVIII.

Por otra parte, en la Plaza de Armas se han podido localizar evidencias materiales de los prisioneros que se albergaran en la antigua fortaleza. Algunas huellas de postes de concreto son posibles apreciar sobre las baldosas, evidenciando la existencia de un muro que dividía el espacio, entonces convertido en patio para el esparcimiento del penal, y que se aprecia en una fotografía aérea de Gasparini de la segunda mitad del siglo XX. La función de este muro era separar los presos políticos de los comunes.

EL MUSEO DE LA RUTA DEL ESCLAVO

Con el avance de la restauración del inmueble, el Castillo de San Severino fue convirtiéndose en el Museo de la Ruta del Esclavo. Desde comienzos del siglo XXI, a la par de los arreglos que se venían realizando se fueron conformando las distintas salas de exposición que representarían el proceso esclavista en el país. Así, la primera sala que fue montada correspondió a la Sala de los Orishas.

Este espacio, que se creó con el objetivo de representar el rico legado africano a la cultura cubana, incluye varias esculturas a escala natural del panteón de dioses de la religión afrocubana, tapices que muestran el entorno donde se manifestaba cada Orisha según la tradición y tambores rituales utilizados en las distintas ceremonias. En esta sala se brinda una panorámica de la diversidad de la religión afrocubana, sus ritos y costumbres, las leyendas que caracterizan a cada deidad, sus colores y sus significados.

Luego, se crearon las condiciones para realizar el montaje de una sala donde estuviera representada la historia de la fortaleza militar. Las evidencias arqueológicas rescatadas de los distintos trabajos de excavación, así como documentos y fotografías históricas pasaron a formar parte de la Sala de Historia y Arqueología.

Se realizó una maqueta de la fortificación que representara los primeros años de su existencia y se expusieron documentos que rescatan la labor de los esclavos africanos en su construcción. Las evidencias arqueológicas son muy variadas, pero en todos los casos mostrando parte de la vida cotidiana de los siglos XVIII y XIX, mostrando las diferencias sociales entre la élite y los sectores populares.

La última sala de exposición montada hasta el momento relacionada con el proceso esclavista corresponde a la Sala de Esclavitud.

En este espacio está representada la miseria humana de la denominada trata negrera, pero también las alternativas que buscaron los mismos esclavos para cambiar su forma de vida. Varias piezas arqueológicas muestran la vida de los esclavos en las plantaciones de azúcar y café: grilletes, candados, cerraduras, dan una muestra de las condiciones de su existencia. Otras evidencias -machetes, vasijas, pipas de fumar- muestran como los esclavos se convirtieron en cimarrones, como se fugaban de las estancias coloniales y se iban a los montes, machete en mano, para habitar las cuevas cercanas, para crear los denominados palenques donde pudieron subsistir, a veces mediante la cosecha y otras veces robando a los mismos que los sometían al trabajo forzado.

COMPONIENDO LA HISTORIA

Los estudios en torno al Castillo de San Severino, tanto desde el punto de vista histórico como arqueológico, han ido ofreciendo nuevos horizontes en la situación actual de la otrora fortaleza. Los documentos rescatados de los archivos españoles y cubanos han modificado antiguas ideas repetidas por la historiografía moderna, realizando significativos aportes a la historia del centenario inmueble.

Las investigaciones arqueológicas han ayudado al reconocimiento histórico de hechos mediante las evidencias materiales, sacando a la luz la presencia de las minorías y las diferencias sociales dentro y fuera del recinto amurallado.

Ambas ciencias, historia y arqueología, van componiendo el pasado más allá de lo escrito, rescatando el patrimonio cultural intrínseco en el actual Museo de la Ruta del Esclavo.

* Coordinador de Cuba Arqueológica (www.cubaarqueologica.org), sitio web de arqueología de Cuba y el Caribe. Miembro de la Sociedad Argentina de Antropología. Especialista de la Sala de Historia y Arqueología del Castillo de San Severino Museo de la Ruta del esclavo entre 2005 y 2006.

Fuente: www.matanzascuba.org
Fotos: ceosgol

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