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Vínculos de Cuba y México

La fábrica de chocolates La Cubana

La Cubana S.A. Foto: Andrea Cinta

La Cubana S.A., se constituyó en el Distrito Federal el 5 de mayo de 1872, por miembros de la familia Munguía, quienes se dedicaban al comercio del tabaco en Guanajuato.

Cuenta Carmen Guadalupe Domínguez Munguía, la tataranieta de Pedro Munguía y algunos antiguos empleados de la casa y la fábrica La Cubana S.A., don Jesús Sánchez y Miguel López que su nombre pudo originarse a partir de los viajes que hizo su fundador a la isla de Cuba entre 1860 y 1870, seguramente para comprar tabaco, o quizá también porque le evocaría una pintura que existió en su casa, en la que se veía a una joven criolla recostada en una hamaca con el puerto de La Habana a sus espaldas; o ambas.

La familia Munguía, orígenes, industria y filantropía

Pedro Munguía nacido en Michoacán en 1820 junto a su esposa Juana García originaria de Guanajuato, habían fundado en 1840, en el Mineral de la Luz, una fábrica de puros y cigarros llamada La Bola sin Rival, que les permitió alcanzar cierta seguridad económica y abrir al poco tiempo una imprenta y fábrica de naipes, llamada El Águila, constituyendo el 28 de agosto de 1868 la Casa P. Munguía e hijos, con don Pedro a la cabeza y como socios los siete hijos que tenían en ese entonces; todo ello en Guanajuato.

No fue hasta el año 1872 que Pedro Munguía acompañado de toda su familia incluida las formadas por sus hijos Pedro G. y Flaviano, decide emigrar a la ciudad de México, para establecerse en zona de La Merced.

Una vez establecidos en la ciudad de México, y manteniendo el expendio en Guanajuato, Pedro Munguía adquiere un terreno en la esquina de Las Cruces y Capuchinas (hoy Calle Venustiano Carranza 145 y las Cruces, Centro Histórico de la Ciudad de México), para construir un edificio e instalar sus dos fábricas originales La Bola sin Rival, de cigarros y El Águila, de naipes, y una nueva fábrica en la que elaborarían chocolates: La Cubana S.A., para lo que invierte unos $40,000 pesos en plata, según aparece descrito en un informe privado al Banco Nacional de México; siendo los socios accionistas don Pedro y sus dos hijos mayores: Flaviano y Pedro G. Munguía García.

En los bajos de la edificación instalaron un elegante expendio amueblado con una larga barra en escuadra de madera que contaba con luz eléctrica, en la que despachaban tablillas de chocolate de distintos tamaños, dulces, pasteles, café, así como cigarros, naipes y otros artículos, en los tradicionales cucuruchos de papel.

Interior del expendio ubicado en las Capuchinas y Cruces.

En 1877 muere don Pedro, y quedan las empresas en manos de sus sucesores, quienes cambian la razón social por la de Munguía Hermanos. En 1887 su hijo Flaviano Munguía García decide retirarse del negocio familiar, por lo que le asignan $60,000 pesos en plata y es con este capital que adquiere una fábrica de chocolates competidora de La Cubana, llamada La Flor de Tabasco, la cual había sido fundada por don Ignacio Koch Ferrer en 1867, que estaba ubicada en Ribera de San Cosme.

Durante catorce años coexisten las dos fábricas de chocolate: La Cubana de Pedro G. Munguía y La Flor de Tabasco, de su hermano Flaviano. De igual manera, compiten en la fabricación de naipes con dos marcas: El Ferrocarril y La Campana.

En febrero de 1890, Pedro G Munguía, invierte en un “…lote de terreno de siete mil doscientos ochenta y tres varas cuadradas, situado en la Calle de Cervantes [Cedro] de la Colonia Santa María de la Ribera en precio de tres mil setecientos ochenta y tres pesos…” según consta en Testimonio notarial, del 25 de abril 1890 de la Notaría Pública del Lic. Carlos Carpio Montealegre.

Para el año 1901, Pedro G. Munguía y su hermana Genoveva le compran a su hermano Flaviano la chocolatera La Flor de Tabasco, sus oficinas y la casa de la Calle de La Merced, reincorporándolo al negocio familiar. Se unifican las fábricas, manteniendo las marcas y productos; trasladan la maquinaria de La Cubana a las instalaciones de La Flor de Tabasco en la Ribera de San Cosme. Las oficinas se extienden al despacho de Flaviano, en Tacuba 19, y dejan las fábricas de cigarros y de naipes en La Merced.

El 28 de octubre de 1901 a la edad de 58 años, fallece Pedro G. Munguía García y dos meses después el 23 de diciembre fallece su hijo mayor Pedro Advíncula, heredando la responsabilidad de la fábrica el segundo hijo, Pedro Pascual Munguía López. El capital social se modifica en 1902, cuando se reintegran al patrimonio familiar las propiedades de La Flor de Tabasco y la casa que habitaba Flaviano con su esposa y sus hijos.

Finalmente, en 1925 trasladan la fábrica de la Ribera de San Cosme a Santa María de la Rivera, donde construyeron un amplio conjunto a cargo del ingeniero Ulrich Townley, amigo de la familia, que incluyó la fábrica, la imprenta, las oficinas, una casa familiar en el número 214 y otro expendio de chocolates en el predio contiguo.

Elenita Munguía Servín, Margarita Herrerías de Munguía, Flaviano, Sixto y Lucía Munguía López en el portón de la casa familiar de Cedro.

En 1950, los más jóvenes de los hermanos Munguía López, Flaviano, Sixto, Lucía y Catalina, crean La Merced S.A, con el objeto de apoyar sistemáticamente obras sociales; y en 1951 crean la inmobiliaria Hermun S.A. con el objeto de unificar esfuerzos y administrar mejor los inmuebles que poseen Flaviano, Sixto, Catalina y Lucía, así como los de su primo, Rafael Munguía Servín.

El 27 de diciembre de 1962 se modificó La Merced S.A. para convertirse en una Asociación Civil La Merced A.C formada por Catalina, Sixto, Flaviano y su esposa Margarita Herrerías, y proyectaron sus testamentos para legar a la Asociación la totalidad de su patrimonio: la fábrica de chocolates La Cubana, la imprenta, la litográfica y la inmobiliaria Hermun, S.A.; a la muerte del último de ellos.

El 4 de marzo de 1964 deciden que la Asociación La Merced A.C. funcione como institución filantrópica y se crea un primer Consejo, con don Flaviano y don Sixto a la cabeza, el Padre Jesús Ramírez Lazcano, Miguel López Lara, gerente de La Cubana, Pedro Navarro, contador de la misma, Alberto Núñez Esteva y Alberto Parás Pagés.

En 1975, los señores Munguía delegan el manejo de la fábrica y los negocios, incluida la Inmobiliaria Hermun S.A, en Miguel López Lara, quien era hombre de toda su confianza y empleado de toda la vida de La Cubana en tercera generación; para así dedicar su tiempo a la tarea de consolidar la Fundación Merced. Margarita Olmedo Badía entra en 1976.

En 1986, al morir don Sixto, el último de los hermanos; la totalidad de su patrimonio pasó a ser administrado por la Fundación y el funcionamiento de la organización cambió y se empezó a regir por un Consejo de Administración en el que Miguel López Lara, Alberto Parás Pagés, Alberto Núñez Esteva, Margarita Olmedo Badía y Alberto de Icaza Gómez asumen la responsabilidad de continuar la labor, convocando a amigos y antiguos empleados y representantes de instituciones beneficiadas a formar parte del Consejo Directivo de La Merced.

Se crea entonces un nuevo patronato y un Consejo para La Merced A.C.

Los chocolates de La Cubana

La Cubana fabricaba todo tipo de chocolates con varias mezclas especiales y gran variedad de posibilidades: en barra, redondos o de figuras en alto relieve: personajes como Santa Claus, el soldadito de plomo, la bailarina, bebés, boxeadores, Cantinflas, osos, gatos, perritos, vacas, cerditos y caballos, entre otros.

Sin embargo, igualmente, elaboraban diseños propios como el payaso con corbata y una muñeca con tutú de encaje, además de muñecas creadas por Clara Munguía Alatristre, hija de Pedro P Munguía López y Sara Alatristre.

Muchas de las figuras escondían historias, fábulas, y datos curiosos que eran recopilados por Sixto Munguía, y se imprimían en las envolturas de papel de aluminio, como: la ruta de Marco Polo, el descubrimiento de Cristóbal Colón, la batalla de Juana de Arco, fábulas de Juan de La Fontaine como la de “El hombre y la pulga”, la de “Tirsis y Amaranta”, y la de “El ratón y el elefante”, y muchas más.

Otras envolturas encerraban refranes populares como “al que madruga, Dios lo ayuda”; “árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza”; “quien siembra vientos, cosecha tempestades”; “al que nace pa’ tamal, del cielo le caen las hojas”; “hay quien nace con estrella y quien nace estrellado”; “cree el león que todos son de su condición”; “haz el bien sin mirar a quién”, entre muchos más de la sabiduría popular.

Los chocolates de La Cubana fueron identificados con nombres exóticos y románticos: romanos, olvidos, palabra de mujer, sultanitos, tunantes, vienetas, huevos de chocolate decorados, frutas cubiertas, chocolates de chochitos, guindas, jalea italiana, jamoncillo envinado, lágrimas, lazos de membrillo, malvavisco cremas, malvavisco ratón, moriscos, mosaicos, napolitanos, pajaretes, paletas de caramelo, pastillas de mantequilla, saratoga, trampeé de frutas, trampeé de coco, tropicales, tú y yo, tutti fruti, viñés, paletas de malvavisco con jalea, lápices, bombones de chocolate, enjambres y lagrimitas, y más.

La Cubana, también fue famosa por elaborar cigarros de chocolate con marcas comerciales de la época, como Raleigh.

Venta de la fábrica de chocolates La Cubana

En 1996 la chocolatería La Cubana, que había mantenido su presencia en el mercado nacional e internacional, procurando ofrecer gran variedad de productos, ya dejaba de ser rentable viéndose afectada por la entrada al mercado nacional de marcas extranjeras de gran agresividad, por lo que el Consejo Directivo La Merced decide vender la fábrica de chocolates junto con la imprenta y la litográfica, quedándose con la propiedad del inmueble.

La Cubana pasa a manos de otros dueños hasta que en el año 2004, el edificio, propiedad de Hermun S.A., inmobiliaria de Fundación Merced, promovieron el desalojo del inmueble por mandamiento judicial, debido al incumplimiento del término de los contratos de arrendamiento y adeudo de varios meses que tenían los nuevos propietarios de las fábricas, quedando sin empleo más de 220 empleados de La Cubana.

En la actualidad

La fábrica de chocolates La Cubana (1925-2004) ubicada en la colonia Santa María la Ribera, tras el desalojo, se convirtió en la industria y expendio de los chocolates McKim, los inventores de las Rucas, donde venden sus chocolates a precio de fábrica.

El expendio se conservan íntegro, con su fachada, revestida desde la banqueta hasta el techo con mármol rosa y mosaicos color crema y amarillo, y en el centro un rotulado que detalla: La Cubana S.A México D.F desde 1872 y se aprecia la imagen de una joven criolla recostada en una hamaca, con el puerto de La Habana a sus espaldas.

Con información de: Fundación Merced 1962-2012. Historia de un legado. Por María García Flores-Chapas



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