Rincon de Cuba

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El Palacio de Juan Pedro Baró (La casa de la calle Paseo)

Por Juan de las Cuevas Toraya*

La bellísima señorita matancera Catalina Lasa del Río se casó en 1898 en Tampa, EEUU, con Pedro Luis Estévez Abreu (hijo de la patriota y filántropo Marta Abreu) y al finalizar la Guerra de Independencia se establecen en La Habana, aunque realizaban numerosos viajes a París, donde también tenían residencia.

En uno de esos viajes conoce Catalina al riquísimo hacendado Juan Pedro Baró, casado en ese tiempo con Rosa Varona. Este encuentro daría lugar a un romance, que es descubierto por su tía Rosalía Abreu, quien sorprende a Catalina en una suite del Hotel Inglaterra que tenía alquilada Pedro Baró. Poco tiempo después, durante una fiesta que se celebraba en la residencia de un cubano en París, Catalina se marcha ocultamente con Pedro Baró, casándose poco después al amparo de las leyes francesas y montan una lujosa casa en París, donde residen con gran boato.

Aunque realizaban frecuentes viajes a La Habana, no tenían posibilidades de radicarse en esta ciudad debido a que en Cuba no existía el divorcio. Sería bajo el gobierno del General Mario García Menocal, que se aprobó esta ley, siendo el primero tramitado en nuestro país el de Luis Estévez y Catalina Lasa.

Regresa entonces el matrimonio Pedro – Lasa a La Habana y son invitados a una comida en el Palacio Presidencial en su honor, lo que de inmediato le abre las puertas de la alta sociedad habanera.

La casa de la calle Paseo

En la calle Paseo número 406 entre 17 y 19, los afamados arquitectos Govantes y Cabarrocas construyeron esta mansión para el riquísimo hacendado Juan Pedro Baró y su bella esposa Catalina Lasa. Se comenzó a edificar alrededor del año 1922 y fue inaugurada en 1927. Realizada en un estilo totalmente ecléctico, tiene la fachada renacentista florentino y los interiores en art decó combinado con referencias egipcias. Los mármoles todos de Carrara y los estucos fueron realizados por la casa “Dominique” de Francia, quien envió su personal a Cuba para realizar esos trabajos por el método “en caliente”.

La puerta de entrada tiene a ambos lados dos grandes columnas de terracota con capiteles dóricos. Al frente tiene dos grandes ventanas terminadas en arcos de medio punto con herrería de diseño florentino. En la planta alta un balcón al centro, con su puerta ventana coronada con una cornisa neoclásica y a los lados dos puertas ventanas coronadas con la misma cornisa.

Después de la entrada hay un gran recibidor y el vestíbulo que da acceso a la escalera, cuyos pisos son de mármoles italianos y forman pirámides truncas y rectángulos con cuadrados negros. El recibidor tiene puertas de caoba que comunican con la biblioteca, con la sala y el comedor.

La amplia sala tiene los pisos de mármol gris y naranja, enmarcados en mármol blanco. Las paredes forman grandes arcadas en la zona de puertas, son de estuco gris y entre las puertas el estuco es naranja del mismo tono que los pisos. La gran sala tiene seis puertas, cuatro de ellas con espejo y todas en la parte superior con trabajos de herrería. En el recibidor y la sala hay dos lámparas, confeccionadas en Francia, de hierro y bronce laminado.

El comedor estilo art decó, tiene dos partes, el propiamente usado como comedor y un salón terraza separado por un pequeño desnivel. Sus pisos son de mármol blanco y amarillo formando grandes rectángulos concéntricos donde predomina el blanco. En las esquinas hay grandes vitrinas empotradas, con espejos interiores, trabajados al ácido, donde están dibujadas un ánfora estilizada con vegetación. A los lados de las vitrinas, apliques de bronce laminado terminados con guardabrisas de cristal. La mesa, para doce comensales, es de mármol blanco construida in situ, con un espejo rectangular al centro. Bordea toda la mesa una cenefa de mármol amarillo con jaspe negro. Las paredes están terminadas con estuco amarillo. En la terraza contigua al comedor predomina el color verde y el piso está construido con mosaicos venecianos de ese color que forman rectángulos.

La biblioteca tiene pisos de mármol blanco y al centro un gran cuadrado de mármol negro jaspeado. Las paredes son lisas y están recubiertas de maderas preciosas. En tres de las esquinas se encuentran los estantes para los libros.

La escalera diseñada en forma helicoidal, adosada a la pared, tiene la baranda de hierro entorchado y cuadrangular, con un pasamanos de plata laminada. En el centro del hueco que forma la escalera, tiene una columna con una escultura de mármol. Al fondo un vitral de enormes proporciones, diseñado por Gaetan Leannin de la casa A. Billancourt de París. La lámpara que ilumina la escalera es de cristal de Murano y se puede, mediante un mecanismo eléctrico, regular su altura de acuerdo a la ocasión.

También en la planta baja se encuentra el “Sun Porche” o “Portal del Sol” que se trata de un lugar abierto rodeado de vegetación que se usaba como sala de estar, sus pisos son de mármol blanco jaspeado y las paredes de cantería, cubierta con un emparrillado de tabloncillos que llegaban al techo abovedado. En el centro hay una fuente cuadrada de mármol gris y cuelga del techo una lámpara con la forma de la fuente, que también sirve de jardinera.

Al desembocar a la planta alta se encuentra un espacioso vestíbulo, que da acceso al vestidor, al baño de Catalina Lasa y a un pequeño vestíbulo que comunica esa habitación con la del esposo, decorada en estilo art deco, con pisos de mármoles en dos tonos de rosado y paredes estucadas del mismo color e iluminada con cuatro apliques de alabastro. En los altos también se construyó una “sala de estar” en estilo neoclásico, con el piso en forma de tablero de cuadros con losas de mármol rojo oscuro jaspeado en gris y con otras color blanco. El techo es abovedado con una gran lámpara de hierro con láminas de plata.

La habitación de Pedro Baró, en el extremo derecho de la casa, es amplia y tiene pisos de mármoles blancos y negros que forman dibujos geométricos, con paredes enchapadas de caoba hasta la mitad. Las puertas de la misma madera están trabajadas a relieve. La iluminación se obtenía por cinco apliques laminados en plata.

En el extremo izquierdo se encontraba la habitación de Catalina, espaciosa, con pisos de mármoles grises y rosados y paredes en estuco gris azul y beige. La iluminación se logra por ocho apliques colocados a los lados de las puertas y ventanas de la habitación.

El vestidor es pequeño, de forma octogonal, forrado en espejos que van desde el piso al techo, montados en marcos de plata y que ocultan las puertas de los armarios. El cuarto de baño es muy amplio, con pisos de mármoles, rosado, gris y beige. Las paredes de mármoles blancos y los marcos de las puertas de mármol rosado. A través de un arco de medio punto se accede al servicio sanitario, el lavamanos y la bañadera. Ésta es de mármol rosado bajo una bóveda cubierta con grandes planchas de cristal trabajadas al ácido. A ambos lados de la bañadera se encuentran dos cubículos cerrados, uno para el servicio sanitario y otro para el bidé.

La jardinería fue proyectada por el francés Forestier y realizada por la casa Lemón Legriñá y Compañía, a la sazón la mejor de La Habana en este tipo de trabajos. Los muebles los diseñó Pedro Luis Estévez Lasa – hijo del primer matrimonio de Catalina – quien viajó desde Nueva York a La Habana con ese fin.

En el proyecto también participó el afamado cristalero francés René Lalique, quien años después decoró el monumental panteón que Baró construyó para su señora en el Cementerio de Colón.

Nota: La casa fue rehabilitada en 1995 por el arquitecto Fernando López.

*Juan de las Cuevas Toraya es historiador de la construcción en Cuba, además especializado en materiales de construcción.

Fuente (textos y fotos): http://arquitectura-cuba.blogspot.com

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