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Vínculos de Cuba y México

La butaca Campeche: Un mueble para los siglos

butaca campeche cubana

Por José Cabaleiro-Ascanio

Su origen geográfico, su diseño y su nombre parecen un acertijo, y como era de esperar, las opiniones de los especialistas están divididas. En medio de estas interrogantes, lo cierto es que se trata de una de las más intrigantes y menos conocidas manifestaciones de las artes decorativas del Caribe de siglos pretéritos: la butaca campeche.

Expertos afirman que la forma como la conocemos ahora vino de Cuba; otros aseguran que su diseño final surgió en el estado de Campeche, en México. Mientras, todos al parecer coinciden en que su prototipo vino de España peninsular, aunque no falta quien afirme que fue de las Islas Canarias.

«Los conquistadores la llevaron primero a Cuba y la Española, a Santo Domingo», dijo el investigador, anticuario y autor de valiosos libros sobre las artes decorativas caribeñas, el Dr. Michael Connors. «Después llegó a México», acotó.

Y aquí comienzan las disquisiciones. Si surgió en Cuba, ¿por qué le llaman campeche? Lo lógico es que proviniera del estado mexicano del mismo nombre. Pero los investigadores muchas veces se valen del material con que han sido construidas piezas antiguas para determinar su edad, procedencia, cultura, etc. En este caso, la madera, y sucede que butacas cubanas fueron hechas de quiebrahacha o palosanto, un árbol que en México y Centroamérica se conoce como palo campeche, y en inglés como bloodwood o ironwood por su color y el tinte que se extrae de él. Esta puede ser una pista que corrobore su origen americano en la mayor de las Antillas. Estas butacas se hicieron también de caoba, nogal, cedro, pino y otras maderas.

Pero, ¿qué es la butaca campeche? ¿Acaso se deriva del humilde taburete cubano? ¿O sale de la butaca ibérica (silla de cadeira y frailero)? ¿Es una especie de hamaca en madera y cuero, o simplemente una versión rústica de una butaca reclinable moderna? Sí a todo lo anterior.

En lo que estudiosos consideran la biblia en español de las artes decorativas coloniales latinoamericanas, «El mueble colonial de las Américas y su circunstancia histórica» (editorial Sudamericana, 1987), las autoras, Sara Bomchil y Virginia Carreño, en el capítulo dedicado a Cuba citan a una persona que visitó la isla a finales del XVIII que define la campeche así: «Han inventado una silla que bajando el respaldar y subiendo las rodillas, coloca al que se sienta en la postura que tomaría si se sentara en una silla recostando la espalda contra la pared». Es decir, la típica imagen de casi todo el que se sienta en un taburete.

Según una publicación homónima del Museo de Arte Colonial de La Habana (Editorial Letras Cubanas, 1985), el diseño de la campeche de la isla consta de  «patas arqueadas y brazos anchos y planos», así como de una especie de «honda» que forman la estructura de madera y el cuero liso o repujado que usualmente la recubre. Los textiles y la rejilla, elemento ideal para el trópico, fueron usados también en lugar del cuero, aunque raramente en Cuba.

Las patas arqueadas se refieren a la forma de X que tiene la base, la cual adquirió de la butaca española. Esta, a su vez, la heredó de la curul romana, la silla de magistrados y ediles que se inspiró en formas griegas y egipcias.

El alto respaldo y el intento ergonómico de la curva de la «honda» en la que uno no está ni sentado ni acostado, es lo que hace la campeche ideal para relajarse y dormitar. Por eso, en Estados Unidos le llaman la silla de la siesta, así como la butaca de fumadores, pues la usaban solamente los hombres, y silla de plantación; en Jamaica, simplemente le dicen sillas españolas en reminiscencia del dominio ibérico allí. A propósito, una curiosidad: estas butacas se encuentran sobre todo en la costa norte jamaicana, que es la más próxima a Cuba.

De todas las versiones, “estilísticamente, la versión cubana es la más innovadora”, dijo el Dr. Connors, quien prepara un volumen sobre el tema que próximamente verá la luz.

A diferencia de otros países donde quedan ejemplos de campeches de los siglos XVIII y XIX, los brazos anchos y planos de la versión cubana son ideales para sostener la taza de café y hasta un cenicero para el habano. E igualmente típico solamente de la versión cubana son las «orejas» que presentan muchas de estas piezas, una especie de remedo de la wingchair inglesa que data de los aproximadamente 12 meses que Albión ondeó su bandera en La Habana.

Las artes decorativas estadounidenses, además de nutrirse fuertemente del vocabulario inglés y francés sobre todo, también bebieron en las aguas del Caribe, específicamente en el caso de la campeche.

Según especialistas, el cuándo llegó a Estados Unidos es un poco nebuloso, pero se estima que fue a principios del XIX a más tardar. Con respecto al dónde y cómo la situación está más clara: el punto de entrada fue Nueva Orleans, que situada al borde de la costa del Golfo de México, estaba abierta al comercio con el Sur del continente y expuesta a la inmigración de cubanos y mexicanos que llegaron a Luisiana durante el dominio español, y luego el francés, para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar y otras labores agrícolas. De ahí que en esa zona también se conozca esta pieza como boutac.

La campeche está bien representada en museos estadounidenses y caribeños, porque forma parte de colecciones cubanas, mexicanas, jamaicanas, privadas y públicas. Igualmente se puede ver, entre otros, en el Museo Metropolitano de Arte en Nueva York, en el Museo de Arte de la Universidad Estatal de Luisiana, en Monticello y Montpellier, las antiguas mansiones y actuales museos de los presidentes Thomas Jefferson y James Madison, respectivamente.

De esta excepcional butaca se hicieron -y se hacen- innumerables reproducciones en Estados Unidos, y Filadelfia, además de Nueva Orleans, fue uno de los principales centros de esta actividad. A las copias se les incorporó características del estilo de moda en el momento, por eso la silla aparece con rasgos neoclásicos, federales, victorianos y hasta de Artes y Oficios.

Tomado de: http://www.elnuevoherald.com

Foto 1: Butaca Campeche cubana
Ver más fotos en: http://www.themagazineantiques.com

1 comentario en “La butaca Campeche: Un mueble para los siglos

  1. Creo que yo tengo dos butacas campeches en casa. Me las regalaron y me dijeron que debían tener 150 años cada una y esto fué en el año 1995. Puedo mandarles una foto y me confirman, gracias? Anabel. Madrid.España.

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